Obituario Vicente Morales
Por
J.Manuel Devesa.
A
mi gran amigo y compañero Vicente Morales.
La
amistad es a veces súbita, como a veces es súbito el amor; a veces lenta igual
que el hermoso césped de aquel inglés que daba su receta: «Muy sencillo: se
siembra, se riega durante tres o cuatro siglos, y ya está»… Y un día caes en
que, desde hace años, hay junto a ti tres o cuatro personas inamovibles,
imperturbables, a las que ningún seísmo, ninguna ruina, ningún fracaso alejarán
–escribió Antonio Gala acerca de la amistad.
Ayer,
cuando supe que te habías ido no pude evitar las lágrimas y esta noche soñé que
era una broma tuya y volvías. Por eso me desperté, para volver a reír contigo,
charlar de nuestra cirugía, contarnos nuestros secretos, hablar del Barsa y
compartir e intercambiar nuestra cultura, la tuya tan rica y variada, como
hicimos tantas veces a lo largo de nuestras vidas, desde el mismo día que
entramos juntos en el Departamento de Cirugía del Hospital Ramón y Cajal. Pero
no era una broma tuya y vuelvo a estar triste porque te fuiste y porque te
llevas para siempre una parte muy importante de mí, como cirujano y como
compañero, aunque siempre quede en el recuerdo nuestra larga, profunda y
sencilla amistad; esa a la que se refiere Gala.
Fuiste
un gran tipo, divertido, amistoso, amante de la vida, de la ciencia y el arte;
una persona muy sensible y que repudiabas cualquier situación social injusta;
y, cómo no, un grandísimo cirujano.
Ya
no te temblará la voz de emoción cuando hables de Sergio -tu hijo-; pero ahora,
querido Vicente, podrás descansar en paz.
Tu
amigo, Manuel Devesa
Que hermosa descripción de la amistad, sencilla tierna, me imagino a Vicente feliz al oírte.
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