A propósito de la manifestación del 8 de marzo


Por José Manuel Devesa

Quiero en primer lugar felicitar a Hermenegildo por su artículo.

En el problema y drama de la violencia y discriminación de la mujer por parte del hombre, es decir, de una sociedad ancestralmente dirigida por los hombres y de tinte machista, hay tres aspectos que diferenciar:
  1. La violencia machista. Frente a eso, el grito unánime tiene que ser contra las leyes que permiten a los violadores seguir violando, a los maltratadores seguir maltratando y a los asesinos asesinar con anuncio previo, como el de la “Crónica de una muerte anunciada”. En las reseñas fotográficas e imágenes emitidas por las televisiones ni vi ni oí ninguna reivindicación para exigir que esas leyes se cambien y caigan con todo su peso contra los que tantas veces actúan con esa permisividad. No me quiero detener a explicar, por obvio, lo indignante que me parece una orden de alejamiento a un maltratador demostrado o convicto, por ejemplo. Siempre va a conseguir su objetivo final.
  2. La diferencia salarial a igual puesto de trabajo que los hombres. No tengo conocimiento de que en la Administración o en la Sanidad, o en los Servicios Públicos del Estado exista esa diferencia. En el ámbito de la Empresa privada es donde seguro que se dan y donde la trabajadora está desprotegida. En la manifestación de ayer no vi ninguna pancarta contra los Sindicatos, que son los máximos responsables de que eso ocurra. Al contrario, con toda su desfachatez, apoyaban la manifestación como si ellos fueran las víctimas.
  3. La diferencia en las oportunidades de la mujer para ocupar puestos de trabajo de mayor relevancia o responsabilidad. Nadie hoy en día cuestiona la valía intelectual de las mujeres, cuyo rendimiento académico suele ser superior al de los hombres. El hecho diferencial es la maternidad y este es un aspecto biológico inmodificable. Independientemente de lo que supone un embarazo, el parto y el post-parto, la maternidad deseada y responsable conlleva unos cuidados que muchas veces pueden ser compartidos y otras son propios de la madre, que en la mayor parte de los casos tampoco desea renunciar a ellos. En los compartidos, el asunto es individual y depende de la relación entre la pareja, y no es asunto del estado ni de la sociedad. Es un problema individual de la mujer respecto a su pareja.
En el caso de los puestos de trabajo considerados del Estado, es inadmisible que esto pueda suceder y es responsabilidad de los Gobiernos y Sindicatos que no se decida o se decida un puesto por el sexo, sino por la valía personal del aspirante, en la que, por cierto, se consideren menos los conocimientos que hablar una lengua de ámbito regional, por ejemplo. Tampoco vi ninguna pancarta alusiva a este tipo de baremos.
Pero hay otro aspecto, para mí con gran impacto en la incidencia de esta diferencia: Los horarios laborales en esos puestos, tanto en las Empresas públicas como en las privadas, especialmente en estas. Es inadmisible que una persona tenga que trabajar hasta las diez o las once de la noche, o que se convoquen reuniones de trabajo a partir de horas avanzadas de la tarde, especialmente después de haber malgastado el tiempo en almuerzos costosos que, por lo demás, intuyo que muchas veces, con las copas y los puros, generan más corrupción que soluciones a los diferentes problemas. Y ahí es donde la mujer, y especialmente las mujeres con hijos, tienen mínimas posibilidades de acceso, pues esa vida es incompatible con una vida de madre. O renuncia a una cosa o renuncia a la otra. Que sea el hombre el que en estos casos cuide de los hijos y de la casa cuando se acaba el horario del colegio, ya es un tema personal de la pareja.
Ayer, en la manifestación, no hubo ninguna alusión a prohibir por ley que se trabaje más de un número de horas o a partir de determinada hora, salvo que el trabajo sea por turnos.
Sin pretender restar ni un ápice a la importancia de la manifestación de ayer, deseo expresar una sensación inevitable de que la mayor parte de las mujeres que acudieron a manifestarse lo hicieron manipuladas por los partidos políticos que quisieron aprovechar su oportunidad, sin que se hayan puesto en evidencia las causas reales de la violencia de género y de la discriminación laboral. Creo que ayer hubo varias manifestaciones en una, pero la que ganó fue la de los políticos, que siempre están al acecho para con sus medios tener el protagonismo y nunca las ideas.
Por cierto, ¿por qué hubo mujeres que se desnudaron delante de una iglesia y no delante de una mezquita?
Tengo el orgullo de haber obtenido nombramientos de honor por organizaciones relevantes de mujeres, por mi apoyo y lucha para ayudar a resolver una pequeña parte de sus muchos problemas.

Comentarios

  1. Perfecto anàlisis de lo sucedido, no puedo estar màs de acuerdo con lo aquí expuesto.

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